Chapoteó risueña,
luchadora,
mordiendo, descuidada
su propia cola agitada.
Peleó con las mareas,
retó a la Luna de nuevo,
desafió su hermosura,
escondió todo su miedo.
Encendió un fuego que no prendía,
buscó maderas que no veía.
Siguió pataleando.
Y arribó un diciembre claro la primavera,
extasiada comprendió que flotaba,
cesó la pelea, el reto,
sacó a flote el temor, mudado a distinto viento.
Flotó, tranquila, en calma,
la Luna le sonreía,
la marea le acunaba.
abrió la flor de su juventud eterna.
