viernes, 21 de diciembre de 2012

Soneto XVII


No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

Pablo Neruda

domingo, 16 de diciembre de 2012

Y tú no eres


Siempre falto de algo;
del mechero altivo, inseguro;
de los filtros blancos y suaves
que saborean los detalles;
del tabaco muriendo en cada calada;
del papel siendo muerte en boca del tabaco.

Y tú no eres muerte porque no eres.

Siempre falto de algo;
de bolígrafo pensante;
del folio, insinuante;
de caricias caladas en tinta
o de palabras con sentido.

Y tú no eres caricia porque no eres.

Siempre falto de algo;
del agua que da la vida;
de la flor que vive del agua:
de la tierra vivida;
de la maceta que acoge.

Y tú no eres vida porque no eres.

Siempre falto de algo;
o del niño que se sueña adulto
o del adultero que sueña ser niño
o del adolescente que algún crepúsculo seré
o del anciano que alguna noche fui.

Y tú no eres niño porque no eres.
Y tú no eres anciano porque no eres.
Y tú no eres, no eres…y tú no eres.




Pero cuántas noches fui adultero en tu entrepierna
y niño en tu pecho.
y maceta en tus manos, y tus manos en mi flor,
y fui tabaco y te maté.
y  por eso ya no eres.

Y yo siempre falto de algo. 
Siempre falto de ti,

falto de ti con vida,
de ti venciendo a la muerte
atestándola de caricias.

Improperio


Joder, qué suave eres
cuando eres elocuente.

Y qué
rematadamente bonito eres desde arriba.
Y
qué jodida belleza tienes
en
mi regazo.
Y tus
abrazos lascivos
son tan groseros en tu dulzura que mi boca se llena de besos
y
dulcerías
basadas en un : ¡joder,
qué jodidamente bonito eres en horizontal!

Será el alcohol
de tus glándulas de
fresa,
será el licor
de
tu
coherente torpeza,
será la muerte de tu último
suspiro
lo que me lleva a morir despacio crucificado por tus miradas prohibidas.
Suicidio tan
hermoso en tus caricias
obscenas...

Muerto por el rayo de los versos no cantados,
tan cerca de
mi
tumba de ensueño,
¡que me entierren en
 tu pecho!
que después de ir al cielo
morir ya no causa ni
el más mínimo miedo.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Eres tiempo perdido.


Nací niño hace algún tiempo.
Y entendías que yo no entendiera.
Y hoy no entiendo, y no lo entiendes.
¿Y qué ha cambiado más que el tiempo
para que no entiendas que no entiendo
que no entiendas que nací y aun sigo vivo?

lunes, 10 de diciembre de 2012

Viaje a través del tiempo.


Vuelvo a inventar
de las cenizas llamas
y viajo creando,
con la única herramienta encontrada,
una máquina del tiempo.

El reloj más patriótico, a lo lejos,
y más cerca que ninguno, mientras tanto
se distancia con su contoneo reiterado.

Vuelvo a mi labor,
no sin esfuerzo.
Otros recordarán mejor,
con grises aparatos
aparatosos y eficaces,
útiles y callados.

Con la mía viajo lento
a ilusiones completas.
Vida. Y aun te siento,
y de seguro dejaré,
de esta forma, con este empeño
desinteresado, ingenuo,
que abre los ojos al mundo
y viaja sin miedos,
con el espíritu valiente
del lugar a donde llego.

Y una estela de vida
devuelve la risa a su hogar,
repleto de astros,
a mi cuna esférica
plagada de pecas misteriosas.

Un viaje tan suave
como el hielo que escarcha
el corazón de las manos
y las inventa inservibles
y aun así las reconforta,
las cuida, las mece, y ellas maman.

Mi querido desamparo
en desierto de cenizas
impulsadas por el viento
cálido de la nostalgia,
a mi viaje frío y suave
bajo la mirada de este cielo dormido
que tiembla, emocionado.

Tiempo y espacio del amor

A Gabriele Morelli
Ah cuánta es la alegría 
de que estemos los dos rodeados de luz
y frente al mar, y reposar los cuerpos
en el abrazo estrecho de la noche,
y sentir que nos ata el mismo día.

Mas pronto, y aunque al mundo lo cobije
(y en él, a ti y a mí) un mismo tiempo,
real para tus ojos y los míos,
tú andarás por tus calles sin yo estar
y yo caminaré sin ti las mías. Lejanos,
nos poblará el recuerdo del amor,
me llegará en el sueño tu mágica visita,
y aún te amaré más. Hasta un día en que mueras,
o yo me muera, o muramos los dos,
y así será, aunque sigamos vivos.
Francisco Brines